Reafirmar la Vida Superando las Heridas

Pastor Lee Dong-won

A través de Dios que es Fiel

La mayor herida que recibió Pablo luego de convertirse en apóstol, fue por las objeciones expresadas por quienes lo habían escuchado predicar el Evangelio. Seguramente debe haber sido un movimiento en contra de los líderes y de los maestros que enseñaban las leyes que jamás fueron reconocidos por él. No obstante, cuando Pablo  no cumplió con la promesa de visitar la iglesia de Corinto, recibió fuertes críticas.

En 2 Corintios 1:15-24 vemos la explicación del Apóstol Pablo sobre este tipo de críticas y malentendidos. Así, en el versículo 18 dice: “Pero como Dios es fiel, nuestra palabra a vosotros no es «sí» y «no»”, lo que quiere decir que como el Dios en quien Pablo cree es fiel, permanezcamos con la mirada y la confianza puesta en Él. Y afirma que su visita se retrasó porque desea verlos una vez que la situación de la iglesia mejore para así poder bendecirlos y no reprimirlos: “Invoco a Dios por testigo sobre mi alma, que por ser indulgente con vosotros no he pasado todavía a Corinto” (v. 23); “Determiné, pues, no haceros otra visita que os causara tristeza” (2 Cor. 2:1). De este modo explica que sólo son cambios de planes para que fuera un encuentro lleno de gracia, y no un incumplimiento (vv. 15-16).

Si desconfiamos los unos de los otros sin poder abrir nuestros corazones y permanecemos a la defensiva, nuestras vidas se tornarán una cárcel. Por más de que la confianza en nuestro prójimo se deteriore por traición o heridas, debemos continuar confiando en los humanos; especialmente en los fieles. No es porque sean dignos de nuestra confianza, pero debemos hacerlo a pesar de que sean pecadores, porque dentro de ellos aún se halla la imagen de Dios. Debemos creer en el fiel Dios y en la bondad del prójimo. Aunque seamos engañados podemos reafirmar nuestras vidas, confiando en que Dios transformará nuestra debilidad en bendición.

 

A Través de Jesús que es Esperanza

A pesar de que Dios conoce mejor que nadie las debilidades y las imperfecciones de la vida, no abandona al hombre. Y una prueba que demuestra esto es el hecho de haber enviado a su único hijo Jesús a este mundo para cumplir con su promesa de la salvación. Dios no nos abandonó porque hayamos pecado. Por el contrario, reafirmó a la humanidad salvándonos por medio de Jesucristo (vv. 19-20). Por ende, si no puede confiar en su prójimo primero predique sobre Jesús. ¿No puede confiar ni en aquél que cree en Él? Entonces ayúdelo para que pueda permanecer firme en Jesús. Pablo nos exhortó a hacer lo mismo y a creer en Jesús también (v. 21).

La única manera de que alguien que fue abandonado por sus padres, que jamás recibió ni reconocimiento ni amor de los demás pueda sanar sus heridas y vivir una nueva vida es creer en Jesús y liberando la carga emocional a través del perdón. Jesús es el “sí” eterno de Dios, es la afirmación de la vida, y la afirmación del hombre.

 

A Través del Espíritu que Hace el Bien

Todos los hombres, incluyendo los cristianos, vivimos con la posibilidad de fallar. Sin embargo, la razón por la que Pablo pudo decir que confiaran en él fue por el Espíritu Santo: “El cual también nos ha sellado y nos ha dado, como garantía, el Espíritu en nuestros corazones” (v. 22). Si el Espíritu Santo que es el espíritu de Dios permanece en nosotros, éste transformará nuestros defectos en Su herramienta haciendo que hagamos el bien. Así, dice en Romanos 8:26-28: “De igual manera, el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad, pues qué hemos de pedir como conviene, no lo sabemos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles. Pero el que escudriña los corazones sabe cuál es la intención del Espíritu, porque conforme a la voluntad de Dios intercede por los santos. Sabemos, además, que a los que aman a Dios, todas las cosas los ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados”. Afirmando que “todas las cosas”, las heridas, traiciones, daños, e insultos, no son la excepción. Y el Espíritu Santo hace que todo esto se una y resulte en la buena obra de Dios; y es gracias a Él que por más que nos lastimen y nos traicionen no necesitamos negar la vida.

José, quien fue vendido por sus propios hermanos a Egipto, no se rinde ante la vida ni busca venganza. De hecho, en lugar de darle la espalda a la gente con indiferencia, les ofrece ayuda. ¿Por qué será? Éste les confiesa a sus hermanos: “Dios me envió delante de vosotros para que podáis sobrevivir sobre la tierra, para daros vida por medio de una gran liberación. Así, pues, no me enviasteis acá vosotros, sino Dios, que me ha puesto por padre del faraón, por señor de toda su casa y por gobernador en toda la tierra de Egipto” (Génesis 45:7-8).

Incluso el rey del país extranjero le dice a José: “¿Acaso hallaremos a otro hombre como éste, en quien esté el espíritu de Dios?” (Génesis 41:38). La respuesta es clara. ¿Cómo podemos hacer para vivir con positivismo? Cuando seamos llenos del Espíritu Santo y conmovidos por Él, podremos ver la vida de manera positiva aún en situaciones donde es imposible no ser satíricos y negativos.

En Turquía, en el 2007, el misionero alemán Tilmann, fue asesinado a puñaladas por los musulmanes. Luego, su esposa declaró en un programa turco: “Mi familia y yo perdonamos en el nombre de Jesucristo a quienes mataron a mi esposo”. Y ante la pregunta de si regresaría a Alemania dijo: “No. Enterraré a mi esposo en estas tierras que él amó. Vivimos aquí por nueve años y seis meses. Esta es nuestra nueva tierra natal, así que nuestros hijos continuarán estudiando aquí y visitaremos su tumba con flores. Y seguiremos compartiendo el amor de Cristo con nuestro prójimo”.

Una vida así de positiva sólo es posible gracias a Dios, a Jesús, y al Espíritu Santo. Recuerde a Jesús quien transformó la herida de la cruz en perdón y amor, concretando así la historia de la salvación de la humanidad. Deseo que puedan ser personas que eligen el amor, el positivismo y la fe del prójimo, superando las heridas confiando en el Dios de la trinidad.